Ese momento es mágico e inolvidable,
se queda forjado a hierro en mi mente:
esa primera vez que encontré
ese amor loco e inexplicable.
Donde encuentras a tu colgada,
a tu musa y a tu compañera,
que siente las mismas cosquillas
cuando estamos cerca y a solas,
que quiere hacer mis mismas locuras,
la que estará en las buenas y en las malas.
Ese sentimiento limpio y honesto
de aceptar a la persona con todo,
y no de convertirlo para ser un esclavo
quitándole su más preciado tesoro:
su forma de ser y su alma.
No olvidaré esa tarde en Plaza Vázquez de Molina,
con escalofríos recorriendo mi cuerpo,
ese miedo al hacer el ridículo,
pero con la valentía y la esperanza
para empezar un nuevo capítulo de la vida.
Aquel pasodoble salió del alma,
porque tú eres mi Falla,
y yo el comparsista que te canta
mis sentimientos letra a letra.
Nuestros nerviosos labios
sellaron los comienzos
de nuestro nuevo mundo.