Ante el abrigo de la ataraxia,
serena e inalterable,
que nace de la quietud y del silencio del alma,
ante lo que para todos es inevitable,
sin la necesidad de este cuerpo que oprime
ni de esta mente que confunde.
Cuando sea la hora de partir,
en paz con mi destino,
entre las estrellas
seré fundido.
Que si de polvo estelar procede todo
cuanto existe,
y a ese mismo polvo estelar,
tarde o temprano,
todo habrá de volver...
partícula soy que de allí vengo,
partícula soy que allí regresaré.
Y así, entre profundidad
y superficie,
anda el lagarto, afortunado, sobre la roca.
Y como una ballena en alta mar,
sin queja, sin lamento,
habita su tiempo del mejor modo posible...
consciente de que cada momento bien pudiera ser el último.