Al filo de la ventana,
todo se disipa
en un compás de cuatro tiempos,
en memorias dispersas
que se filtran con la lluvia
en delicadas dunas de tierra.
La oscuridad,
¡cuán dulce abraza su negrura!
Monocromáticos espejos
que devuelven una mirada
cansada ya de ser cenizas.
Me moriré intentando
alcanzar lo que hay del otro lado
como Alicia viendo su reflejo
intentando ver sentada al lado suyo
al Conejo blanco
a lado de la otra Alicia.
Así transgreden mis noches
en un minúsculo minutero
que abre y cierra universos.
¡Cuán frío despertar!
Volver al camino yermo.