Uriel F

OntologĂ­a de la Palabra

No la poseo.

La pronuncio.

Y aun así—

no es mía.

La palabra no nace en la boca.

La boca la atraviesa.

Tampoco en la mano.

La mano apenas la fija

por un instante.

Antes de eso—

ya estaba.

No como sonido.

No como signo.

Sino como posibilidad.

Como forma latente

de lo que aún no es dicho.

La nombro

y algo se ordena.

Pero ese orden

no me pertenece.

Solo coincide conmigo

por un momento.

Luego se desplaza.

Se reconfigura.

Se rehace en otros.

La palabra no permanece.

Evoluciona.

Pero en esa mutación

conserva algo 

una huella

que no depende del cuerpo

que la emitió.

Por eso persiste.

Aunque la voz cese,

aunque la memoria falle,

aunque el tiempo erosione

todo lo demás.

La palabra continúa.

No como eco.

Como estructura.

Como aquello

que sostiene lo que es

al ser nombrado.