Yo lo veo desde abajo,
al gitano en el balcón,
canta a puro destajo
desde todo su corazón.
Tiembla y dice ser otro,
que el que dice ese poema,
como si fuese anatema
cabalgando un fiero potro.
Se deshace en su comedia
y con su estrella intermedia
entre nosotros y ellos
con sortilegio y destello.
Se desgrana en madrugadas
con sus coplas y jaranas,
pero en verdad es triste
payaso como dijiste
una vez que lo cruzamos
en plena vereda y viste
que una lágrima notamos
que mientras viva, persiste.