De dónde venimos
La mujer, desde que nace, es distinta.
Carga dolores que no se ven:
los del cuerpo,
los del alma,
los que se callan y aun así se sienten.
Sufrimos al dar vida,
con la sangre que vuelve cada mes,
con las heridas que no dejan marca,
pero pesan.
Y en un mundo hecho para ellos,
nosotras caminamos más,
damos diez pasos más
para llegar al mismo lugar.
Venimos del pueblo,
de manos curtidas y miradas firmes.
Yo vengo de un matriarcado,
donde las abuelas eran berracas,
de palabra fuerte
y corazón que no se doblaba.
Ellas enseñaron sin decirlo todo,
y sus hijos aprendieron,
y nosotros heredamos
esa forma de resistir.
Somos nietas y nietos
donde la voz de la abuela se respeta,
donde su silencio también manda.
Ellas amaban en la cocina,
en el fuego lento,
en lo que alimenta.
Nosotras amamos distinto:
en la ciudad,
en el ruido,
en la lucha diaria.
Pero en el fondo,
somos lo mismo:
mujeres hechas de raíz,
de historia,
de fuerza que no se rompe.