La Trama y La Urdimbre
Quiero ser la trama y la urdimbre del lienzo de tus días,
el hilo de luz que borde tus alegrías.
Ser la pausa que respiras, el latido en tu garganta,
la memoria de tu cuerpo cuando la nostalgia te espanta.
Quiero ser el nombre que dibujas en el cristal del invierno,
la llave que abre el cofre de tu sueño más eterno.
Ser la gota de rocío que te saluda en la mañana,
el primer pensamiento que tu mente despierta.
Quiero ser la sal en tu piel después del mar,
el eco de tu risa que no deja de sonar.
Ser la voz que te susurra al oído lo que nadie más se atreve,
la promesa que el tiempo en tu corazón escribe y renueve.
Quiero ser el mapa que te guía cuando el camino se pierde,
la raíz profunda que te sostiene cuando el viento es más fuerte.
Ser la sombra que te alivia en la canícula ardiente,
no la que te oculta, sino la que está siempre presente.
Quiero ser ese silencio que te llena de sentido,
el poema que no se escribe pero que siempre has leído.
Y quiero ser, también, la pregunta y la respuesta,
la duda que te inquieta y la certeza que te presta.
Ser el pan y el vino en tu mesa compartida,
la fiesta inesperada, la calma en la herida.
Quiero ser el asombro de un niño en tu mirada,
la fuerza de un gigante cuando no queda nada.
Quiero ser el nudo que ate tus miedos a la deriva,
la barca que te lleve a la orilla más viva.
Ser el anzuelo que pesca tus penas más hondas,
y devolverlas al agua convertidas en ondas.
Quiero ser la nota musical que vibra en tu oído,
el beso que en tu frente sella el olvido.
Quiero ser el suelo firme que pisas al andar,
el aire que te envuelve y te invita a volar.
Ser el invierno que te abraza y el verano que te besa,
la primavera que te anuncia, la cosecha que te pesa.
Quiero ser el principio que no tiene final,
el círculo perfecto, el amor más total.
Déjame ser la brizna de hierba que te hace cosquillas,
la luna que se asoma a verte por las rendijas.
Déjame ser el barro del que nace tu figura,
la arcilla blanda que moldea tu hermosura.
Quiero ser el anzuelo, la barca, la deriva,
pero sobre todo, amor, quiero ser el agua viva
que calma tu sed, que te moja, que te limpia,
y en cuya orilla, tú y yo, seamos la misma quietud y la misma infinitud.
Porque al final de todo, en la última morada,
quiero ser el recuerdo que te llega sin avisar,
la suave caricia que te ayude a traspasar.
Quiero ser la paz que te encuentre, la luz que te acompañe,
la mano amiga que en tu mano se empequeñezca y se agrande.
Quiero ser todo eso y más, en cada segundo,
porque en el diccionario del alma, tú eres el mundo.
Y al cerrar los ojos, en el último suspiro,
quiero ser el nombre que digas sin un respiro.
Y que ese nombre sea el mío, y que el tuyo sea mi fin,
y ser, al fin, tu canción desde el principio… hasta el fin.
—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA
Noviembre, 2024.