La niebla le roba
su torre a la Catedral,
cuando no miran los ángeles
ni las cigüeñas.
Las nubes necesitan sus piedras
color de carne
para hacer una escalera
y volver al cielo.
No tienen alas.
No tienen vuelo.
El viento que las volaba
se ha ido con las estrellas.
Se han quedado solas,
a pie de tierra.