Allá arriba, donde el silencio respira,
las nubes dibujan secretos sin voz,
se estiran, se rompen, se vuelven mentira,
y nacen de nuevo en formas de dios.
Un dragón que arde sin fuego ni llama,
un rostro que observa y luego se va,
castillos flotantes que el viento reclama,
y sueños que el alma no olvidará.
El cielo es un lienzo que nunca termina,
pintado con sombras de luz y de azul,
cada figura es historia divina
que el tiempo disuelve sin dejar baúl.
Y yo, desde abajo, pequeño y consciente,
intento leer lo que quiere decir,
pero el cielo sonríe, cambia de repente…
y enseña que todo es aprender a fluir.
Porque las formas no buscan quedarse,
ni ser comprendidas por la razón,
solo aparecen… para recordarte
que incluso lo eterno cambia de intención.