jorge enrique mantilla

Pasó el tiempo

Pasó el tiempo

 

Pasó el tiempo y se llevó la vida y pasaron los días y pasaron los años llevándose sus fríos y sus sofocantes calores

 Me volví viejo, lleno de enfermedades, quejidos, llantos y dolores

 Me encerré en mis faenas, en mis quehaceres y en mis sudorosas y agotadoras labores

 Y descuidé la mujer querida, la más bella de mis ardientes amores

 Dejé secar el jardín florecido y se cayeron de tristeza los pétalos de las hermosas flores

 Descuidé un amor y un querer y se esfumaron como por encanto sus fragancias, sus aromas y aquellos deliciosos olores

 No me di cuenta a qué horas pasaron inviernos, primaveras y veranos, ni la hermosa naturaleza con sus esplendores

 Tampoco me quedó tiempo para presenciar las tardes de arreboles con sus paletas y el ocaso con sus bellos colores

 Ni ver las bellezas de la tarde en la playa, ni del crepúsculo, ni del candilazo, ni el alba del amanecer, ni ver el boceto de pintores, poetas y escritores

 Tampoco escuché el silbato de la locomotora que se acercaba, ni vi la fumarola de la chimenea del tren que llevaba presuroso a los trabajadores

No me quedó tiempo ni de ver a luna, ni de presenciar la belleza de sus luces y rayos encantadores

Menos, me quedó tiempo para dedicarle a solas un minuto a la vida, y ver un hermoso amanecer, ni compartir la banca, ni una anécdota con los mayores

Y me encerré entre cuatro paredes al final de mis días a reflexionar de mis caídas, de mis soledades y de mis humillantes errores

Pero ya fue tarde, porqué pasó el tiempo y en solitario se acabó mi vida y me llené de miedos, de fantasmas, de pánicos, de tristezas, de adefesios y temores

Y una noche escalofriante, miedosa, macabra y fría, se me presentó la muerte como compañía con sus agónicos y pestilentes olores

Y aterrorizado, pálido, ojeroso y mudo, tembloroso, paralizado, sudoroso y lleno de temblores

Y al ver la muerte tan cerca con su mortaja inmensa, nauseabunda y negra, el graznido de un cuervo anunciaba mi muerte, llegando al final de los tiempos de los cobardes soñadores

Y pasó el tiempo y pasaron los años y ni una lágrima de aquel amor, ni un recuerdo de los traidores

 Y mi tumba se lleno de maleza y hojarasca y en las noches se escuchaban fantasmas, quejidos, alaridos y horrores

No se vivió para la placentera vida, ni se vivió para las pasiones de amores y solo quedó el fatídico olvido, para los perdedores.

 

“Joreman” Jorge Enrique Mantilla – Bucaramanga marzo 25-2026