El tiempo suena en grietas de la aurora,
como un cristal que insiste en estallar
y en cada instante leve que evapora
deja un eco imposible de callar.
Sus pasos son campanas en la arena,
latidos que no aprenden a volver,
un pulso que en la sombra se encadena
al ritmo que nos lleva a perecer.
Se escucha en el silencio de la herida,
en voces que la tarde ya no nombra,
en cada luz que muere sin salida
y en todo lo que el tiempo vuelve sombra.
Mas queda un hilo tenue en lo perdido:
el tiempo canta y vive en lo vivido.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026