José Luis Barrientos León

El tiempo y la otra vigilia

 

Acaso el tiempo sea ese río de Heráclito

que fluye y permanece, un cristal inconstante,

donde cada hombre es todos los hombres del mito

y el presente es un ápice entre él fue y el distante.

 

No somos el mármol, sino el sueño de un alguien

que nos trama en su libro de páginas infinitas;

un laberinto de espejos donde las horas salen

a buscar la memoria que el olvido acredita.

 

Hay una fe que no es dogma, sino asombro,

la de saber que el azar es un orden sagrado,

que el universo es un símbolo que sobre el hombro

nos dicta una música de un tiempo recobrado.

 

Bendita sea la noche que nos da los espejos,

y el Dios que, con ironía, nos otorgó los dones

de ver en el ocaso un oro de reflejos viejos

y en la muerte el descanso de las limitaciones.

 

Nada se pierde, pues todo es parte de un mapa

donde el ayer y el mañana son la misma figura.

La esperanza es la Ítaca que del tiempo se escapa:

una verde eternidad, sencilla y segura.