A veces deseamos
que los sueños se hagan realidad,
que lo imposible nos toque los dedos,
que la luna baje del cielo
para dormir en nuestra almohada.
Otras veces
deseamos que la realidad
sea solo un sueño pasajero,
una niebla que se disipe
cuando abrimos los ojos del alma.
Porque hay días en que vivir duele,
y noches en que soñar salva.
Hay verdades que pesan más que mil mentiras,
y hay fantasías que curan más
que toda la lógica del mundo.
Vivimos entre dos mundos,
entre lo que es
y lo que anhelamos que sea.
Entre lo que callamos
y lo que gritamos por dentro.
A veces, tan solo a veces,
desearíamos dormir para siempre…
si eso significa
despertar en un mundo
donde todo lo que amamos
no tenga fin.