Llegaste como como la lluvia que duda en la ventana, como la forma en que el silencio se vuelve compañía, sin hacer ruido pero moviendo todo.
Respirando distinto y mirando distinto.
Y aquí estás, en lo que no digo, en lo que se me escapa cuando sonrío solo, en esa forma absurda y hermosa de sentir que alguien existe justo donde antes no había nadie en medio de todo.
Si esto no es amor, se parece demasiado.
Y si lo es, qué manera tan silenciosa y bella de empezar a quedarse.
Como se queda la tarde en la piel, sin prisa, sin nombre, pero inevitable, haciendo del instante un lugar donde volver, aunque nadie haya dicho nunca si es para siempre.
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Rafael Blanco López
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