A ti,
que has llegado a ser quien eres
a través del pensamiento y la emoción,
del dolor y su aceptación,
del sufrimiento y su sentido,
del placer y el gozo,
de la alegría,
de las subidas y las caídas,
de la luz y la sombra,
y también del silencio
y de la escucha.
Que entre el sol y la luna,
la claridad y la niebla,
los pliegues de la mente
y las suturas del alma,
te transformas,
como oruga que deviene mariposa,
dándole a la vida otro sentido.
A ti van dirigidas estas letras,
porque al reconocerte
en ellas...
como en un espejo
me reconozco también a mí mismo.