A. Martinez

No hay olvido.

 

Hay una forma del nombre
persistiendo en lo que calla,
una forma tuya quedándose
en lo que pienso y lo que toco.

Lo que fue no se retira:
se queda en la materia
leve de los labios,
en la costumbre de nombrarte
sin decirlo.

Un resto de luz insiste
en la memoria del cuerpo,
un rastro de beso
que se resiste a partir.

Y tus ojos,
esa demora,
ese temblor sin causa,
no saben olvidar.

Yo tampoco.
Porque lo vivido
no termina: se repliega,
respira en lo oscuro,
y vuelve
como un ser
que aún nos nombra.

Eduardo A. Bello Martínez
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