Nadan cautos los peces en la orilla,
alígeros planean, hacen eses,
sigilosos se escurren callados
suspirando bajo el agua,
ignorantes de nuestros pasos; ellos,
rozando nuestros tobillos,
aletean tan alegres y se esbaran.
(Entre tanto, vuelvo atrás la vista ).
Salen, mientras, tan raudos galopantes,
trotan, vuelan rápidos menudos,
escapan inquiriendo de nosotros esconderse.
Pisan del fondo los pies la arena,
oteo el horizonte queriendo lejanía,
ebrio en salitre disuelvo mi ser en el agua,
miran mis soles el sol y recuerdo
alegre antaño un recuerdo feliz.
Era pequeño y aprendía a nadar
sujetado por los brazos de mi padre,
planeaba flotando sobre el agua.
Aleccionaba con paciencia,
reía viéndome nadar bisoño.
Alegre me sentía protegido,
tenía a quien me sujetara fuerte,
ignoraba que luego no estaría.