Murialdo Chicaiza Loor

CUBA

Existe un pueblo con dignidad de isla:

Cuba, la amurallada, la aislada isla.

Existe un pueblo con ruido de mar

con ritmo de caña y tambor.

Una solidaria isla de vida

se llama Cuba, la heredera

del prócer-poeta José Martí

de su pluma de rosa blanca.

Cuba, la de Nicolás Guillén

y su morena poesía,

con su corazón que late al ritmo del son,

el ser que nos enseñó

que debemos abrir las murallas

a la paz, a la nobleza, a la solidaridad

y cerrarlas a la ignominia,

al veneno del monstruo imperialista.

Cuba de los recios barbudos

quienes bajaron de Sierra Maestra

trayendo el fusil de la libertad,

la esperanza de la liberación.

Así fue que el monstruo del norte

fue herido en su orgullo imperialista

por un pueblo dulce de altos cañaverales:

Cuba, la indecente, la “isla comunista”.

Pero Fidel llevaba la bandera de la estrella,

con la razón y los cinco sentidos:

La dignidad del hombre caribeño,

del rebelde crisol de la raza cósmica.

Sangre indígena y sangre africana,

sangre libertaria y latina, sangre derramada

por el bloqueo criminal del imperio.

Cuba, nuestra Masada

ya no en un desierto de oriente,

Cuba nuestra Masada en los mares caribeños;

la resistencia es nuestro norte,

la dignidad es nuestro lema.

El espíritu de Fidel y el Che

es nuestra guía y brújula,

el fuego de Cienfuegos arderá

en el alma cubana

hasta el final de la historia.

El triunfo será nuestro

y empezará una nueva historia:

la del hombre liberado.