Vinieras
no por ternura,
sino por esa urgencia
que no se explica.
Con el calor justo
para hacer del cuerpo
un territorio breve.
Y luego,
irte.
Como el humo,
sin peso,
sin despedida.
Tu espalda,
no ofrecida,
sino retirada.
La prisa despojándote,
más que la ausencia.
Quisiera verte así:
en el instante exacto
en que decides no quedarte.
Ahí,
donde el deseo
no se cumple,
se sostiene.
Que amanezca
y aún estés,
no para nombrarte,
sino para perderte
una vez más.
Vinieras
solo para irte.
Y yo,
quedarme
en ese gesto
que no vuelve.