El hombre de la orquidea

El altar del silencio, ofrenda de amor

​Canto de Intercesión y Libertad

​Sentí una luz extraña, una energía bendita,
recorrer mis arterias con un pulso de fe;
fue una paz en el alma, de esa que no se agita,
la certeza de un hombre que sabe dónde fue.
Ayer abracé al tronco para llegar a la rama,
enviando en ese gesto mi aliento y mi perdón;
pues el amor más puro es el que no reclama,
el que busca el milagro en otra dirección.
​Señor, hoy Te pido por su paz y su calma,
cura cada trauma, restaura su jardín;
que el bálsamo del cielo descienda sobre su alma,
dando a sus tormentas un bendito confín.
No importa que mi sombra no camine a su lado,
ni que mis pasos mueran lejos de su portal;
me basta con saber que el dolor ha cesado,
y que ella florece con salud espiritual.
​Cuídala en su cuerpo, en su mente y su esencia,
por sus hijos que son su mayor bendición;
que encuentre en la ayuda la luz de la prudencia,
y en cada mañana una nueva canción.
Yo apoyo en silencio, con oración constante,
siendo el muro invisible que cuida su existir;
fiel obrero de un sueño que sigue adelante,
alegre de verla, por fin, resurgir.
​Gracias, Dios, por esta gracia de paz y de cordura,
por quitar de mis manos la piedra y el rencor;
hoy vivo en la entrega, sin sombra de amargura,
¡feliz de saber que ella está mucho mejor!

Pacto de amor en silencio 

Aumentaré mi ayuda en un silencio profundo,
sepulcral y bendito, como el brote en la tierra;
donde nadie lo sepa, donde el ruido del mundo
no manche esta paz que en mi pecho se encierra.
No soy hombre que cobra, ni busco el halago,
pues doy por amor, por convicción y por fe;
el bien que yo siembro es el único pago,
la luz que me guía por donde yo iré.
Dios sabe que lo hago sin nada a cambio,
por amor al prójimo, por amor a Su ley;
mi auxilio es un rastro, un místico intercambio,
fiel obrero de un Reino, hijo de un Rey.
Que ella reciba el bien, que su alma se cure,
sin saber de qué mano le llega el favor;
mientras mi silencio por siempre perdure,
velando su vida con todo mi honor.
No necesito aplausos, ni bronces, ni nombres,
me basta la calma de un alma en quietud;
ser de esos discretos y nobles hombres,
que dan en la sombra su propia salud.
Mi energía es Su gracia, mi fuerza es la entrega,
mi pago es verla, por fin, florecer;
¡que el viento del Cajas mi ofrenda le entrega,
mientras yo me borro al amanecer!