¿Por qué quererte, dime, por qué adorarte,
si eres la luz que amenaza quemarme?
Y aun tu sombra me llama a abrazarte,
aunque no quieras… mi deber es amarte.
Hogareño arde el pulso de las ollas,
la flama trepa el tronco lentamente;
por su corteza pasan quietas las horas,
mientras el hierro se enciende incandescente.
Quema el fuego, y su pena me desvela;
la madera, fría, desyuga el alma.
Detrás de cada llaga hay una vela
que alumbra el deber de amarte con calma