El Silencio de la Partida
No busques mi rostro en la tierra mojada, ni dejes que el luto marchite tu voz. Aunque mi silla hoy se encuentre callada, no hay distancia alguna entre nosotros dos. He soltado el lastre, el dolor y el cansancio, mi guardia en el mundo por fin terminó, y ahora habito en un tibio remanso donde el tiempo es un sueño que nunca expiró.
La Presencia Invisible
Si el viento despeina tu pelo un mañana, es mi mano que busca volverte a tocar. Si un rayo de sol entra por tu ventana, es mi luz que te invita de nuevo a soñar. Estaré en el verso de aquel libro abierto, en la nota alta de nuestra canción, seré el oasis en medio del desierto, el latido constante en tu corazón.
La Plegaria del Adiós
No llores mi ausencia con lágrimas ciegas, prefiero que rías al verme partir. La muerte es tan solo la paz que nos entregas cuando el alma se cansa de tanto fingir. Vive por ambos, camina con fuerza, no cierres la puerta si el amor vuelve a entrar, no permitas que el alma de pena se tuerza, que yo, desde el cielo, te habré de guiar.
El Reencuentro del Alba
Vuela muy alto, no mires atrás, que mi amor es el viento que empuja tu vela. En cada estrella mi rastro hallarás, mientras la noche sus sombras desvela. Y cuando el destino detenga tu viaje, y el sol de tu vida se empiece a ocultar, yo estaré allí, sin temor ni equipaje, en el puerto de luz... para verte llegar.