Nathanael Gellibert.

Me muero primero y lloro después.

El ruido plomizo taladra el ambiente.
Paredes de nácar y blanca la luz.
La sangre rezuma del aire de nieve
que muere flotando con brazos en cruz.

El llanto es amargo... la pena tan breve.
Dolió como duelen los besos del sol.
La luna sonríe y un cántico leve
deshoja la carne de un cruel corazón.

Es tal sentimiento que embarga mi ser:
que muero primero y lloro después.