Carlos Gallo Ibarra

Y por qué sufrimos?

No es que estemos predeterminados a sufrir, pero las erradas decisiones, las fallas, los tropiezos, que se convierten en pecado nos tienden una trampa. No creo firmemente que la amapola más alta deba ser cortada, como creen los daneses ó bien que el clavo más alto recibe el golpe más fuerte, como dicen los japoneses; en este sendero de la vida, la elección de los trechos, senderos, el camino; serán nuestra única vía, esa búsqueda de la felicidad y alegría, unos logran esa dicha otros vivimos en el tiempo del acomodador, ese momento que desistimos de seguir adelante y vivir con lo que tenemos, costumbres y rutinas.

Te amo, quiero que lo sepas, y ahora tú puedes tirar el hilo de Ariadna en este laberinto en que me encuentro o bien seguiré este sentimiento no por casualidad sino por decisión, y buscar esa paz en mi conciencia. Y aguardar con el tiempo congelado el unísono de nuestros cuerpos, no porque las convenciones nos obliguen sino porque lo deseo, lo deseamos, lo sé.

Debemos dejar circular libremente la energía del amor, no por medirlo como medimos las distancias, esta historia no tiene que acabar.  Porque estoy intentando olvidar quién soy y no cargar a cuestas todo este peso de mi historia y no por culpa por la mujer con la que me casé se ha convertido en mi Zahir.