La vida, hermano, es senda de polvo y de luceros,
es vereda que tiembla bajo el pie del caminante,
un canto que se eleva, tembloroso y errante,
sin saber si mañana tendrá voz o silencio.
Es la aventura triste de mirar los horizontes
con el alma cargada de preguntas sin nombre,
como un río que avanza sin saber hacia qué sombra,
como un ave que vuela sin promesa de nido.
¡Oh vida! misterio dulce que en la sangre nos arde,
incógnita que hiere con su filo invisible,
nos das este cielo inmenso, puro, compartido
y nos niegas la senda que mañana pisaremos.
Hoy somos, apenas, un latido en la tarde,
una llama pequeña que el viento no comprende;
y sin embargo, en medio de tanta incertidumbre,
nos hallamos, hermanos, bajo el mismo azul eterno.