Dos cielos opuestos,
busqué su voz
y la encontré sepultada.
Las facas
rajaron mis sendas,
mis pies
fueron destazados.
Sus ojos se pudrieron,
mi pelo,
mi último recuerdo.
Jugué con el azar,
y exigió su precio:
cambiar mi familia
por un país ajeno.
Maldito sea el día
que me convertí
en Judas.