Me encontré una rosa
en un cajón perdido,
guardaba entre sus hojas
un silencio marchito.
Tenía un solo pétalo
por frágil vestido,
casi desnuda el alma
de tanto haber querido.
Se enamoró del otoño,
de su abrazo helado y tierno,
y le ofreció su perfume…
como oro puro y eterno.
Y el viento, sin consuelo,
la dejó en el olvido…
le arrancó su vestido
y se llevó su último suspiro.
Ahora duerme en la sombra,
en un cajón atrapada,
una rosa que un día
amó… y no fue amada.