Humanidad, hija de la guerra,
intercambió vida por egoísmo.
Destino incierto, desconoce ruta;
artificial sentir, insensible rezo.
Un mundo nuestro. Amémonos.
Una civilización, una nación, un beso.
Ten mi vida, si quieres: te ofrezco.
Una canción para los tiempos:
flor, sudor, tierra, paz, encuentro.
Muere lo muerto… vives dentro.
¿Se hará viejo un sentir verdadero?
¡Pobre un plato vacío, un corazón lleno!
¿Puede la distancia ser tanto tropiezo?
Comprende, se apagan mis ojos, perdiéndote
Historia de siempre: amor verdadero.
Lo matan y muere: humano sacrilegio.
Entiendo: pesa el oro; diamante tengo.
Pobre carbón… máquina de enredos.
No valen —no se explican— los intentos.
La luz precede la calma. Un camino cierto.
Así estamos, en el espacio-tiempo tierno.
Falta un juramento propenso al silencio.
Está aquí lo nuestro, humanamente cierto.
Preciosa señora, casi Diosa, en mi sueño.