¿Olvidarte? ¡Jamás!
He sentido tus manos escribiendo para mi y en mi carne, en mi alma.
Haces magia, cuando escribes en mi corazón, tus prosas
quitas el cerrojo, a la puerta de mi alma, y me dejas libre para amarte.
Es el amor, que a tenido el gusto, de escupirnos amor para amarnos.
En palabras escodes tus reclamos de mis extravíos y me confrontas,
me rompes, pero tus palabras son el antídoto que sana el veneno que dejas.
Rozas mi cuerpo con tus manos y despiertas mis demonios
Que me invitan a pecar, juntó tus manos con las mías,
y te llevo a recorrer el mapa de mi cuerpo que de inmediato lo reconoces
Éramos tan amigos qué confié que miraras mi cuerpo para ser más íntimos.
Cuando leo tus prosas eres un manjar y no encuentro por ¿Dónde Empezar?
Empezaré a comerte el corazón para dejar por escrito que soy tuya,
que soy tu dueña y pondré mi nombre y sello de Propiedad Privada.
Yo creo que nací solo para ti y los dioses lo decretaron y movieron
todas las piezas para que ocurriera.
Soy más fuerte que tu abadón ‘destrucción’ no será con mis manos,
Será con un poder superior que guía mi espíritu a no rendirme al enemigo,
¡Ese sí! es mi enemigo pero yo no voy sola él que va conmigo es más poderoso.
La poesía es la puerta donde podemos hacer el amor sin tocarnos
porque las palabras son el elixir que unen a los cuerpos para amarse.
Tú me provocas al leer tus prosas porque excitas mis pensamientos
Y se escapa de mí todo fuego que llevo dentro y deseo que lo apagues.
¿Olvidarte? ¡Jamás! Aunque a veces me ofendan tus palabras no te dejaré ir.
¿Ya años de ir junto a ti y tú crees que me voy a rendir ahora? ¡Nunca!
Este amor no caduca, ni con los años, ni con tus idas a los recuerdos esos
que quedan y todavía buscas y \'no tienes nada que decir\'
y, si sentí tu cuerpo sobre el mío y te di mi calor, no lo sentiste?
Hay cosas que no entiendo, pero sigo aquí, a veces a la intemperie pero aquí sigo a tu lado.
Sabes que te amo! Lo sabes, amor, lo sabes desde siempre, Amor!
Alicia Pérez Hernández... México
No es la pluma la que escribe, es el alma
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Sepsis de la Sombra
Desmantelé mi armadura para que sintieras mis manos.
Te expuse el rastro de mi camino, la imperfección que me carcome,
el miedo que se adueña de mí como el olor de la sangre podrida.
Y tú, con la miopía de los mediocres,
me miraste como se mira un objeto cualquiera en la acera.
No fui ni el rastro de un amigo en tus pupilas agrieras.
Si guardé silencio, no fue por falta de palabras;
fue para que escucharas el estruendo de mi cuerpo al no poder hablar,
para que la asfixia de mi sombra la sintieras con tu piel.
Buscaba la anestesia, ese \"estoy contigo\"
que nunca brotó de tu mandíbula de cal.
¿Olvidarte? No.
Es el amor el que ha tenido el buen gusto de escupirnos.
Me ha arrojado al asfalto,
y mientras yo sigo en mi trágico recorrido por este broibo de ceniza y sombra,
entiendo que mi abadón es demasiado voraz
para que intentes apagarlo con tu cuero, con tu pulso
o con tus manos deprimientes.
Autor: bethero \'Álvaro S.\'
20; marzo; 2026