Efrain Eduardo Cajar González

Oda a la Libertad

I
Verdad, llama desnuda de la mente,
claridad que no sabe disimular,
te alzas firme en medio de lo incierto
cuando el mundo se quiere ocultar.
No temes al ruido ni a la sombra,
ni al velo que intenta distorsionar;
eres la luz que rompe el engaño
y el pulso que no deja de hablar.

II
Habitas donde el juicio se despierta,
en la razón que aprende a discernir,
en la mirada que no se conforma
con lo que es fácil de admitir.
No eres dócil ante la mentira,
ni te inclinas ante el poder;
eres firme como roca antigua
que no se deja nunca mover.

III
Te buscan sabios, te temen tiranos,
te ignoran quienes prefieren fingir;
pero siempre regresas constante
cuando el tiempo decide insistir.
No hay muro capaz de contenerte,
ni sombra que te logre ocultar;
pues incluso en la duda más honda
tu semilla comienza a brotar.

IV
Verdad, no eres siempre amable,
ni fácil de aceptar o mirar;
a veces hieres como un filo
que el alma no puede evitar.
Mas en tu herida nace el cambio,
en tu dureza hay claridad;
porque solo quien te enfrenta
puede crecer en libertad.

V
Eres la voz que en lo profundo
se niega a dejar de existir,
un eco firme que resuena
cuando el silencio quiere mentir.
Y aunque la niebla cubra el camino
y el error intente avanzar,
tu presencia vuelve y reclama
el derecho de iluminar.

VI
En la historia marcas los giros
donde el hombre aprende a ver,
cuando la mentira se rompe
y la verdad comienza a ser.
Has sido causa de tormentas,
de luchas por dignidad,
pero también eres la puerta
hacia la auténtica paz.

VII
No te sometes a intereses
ni a conveniencias del lugar,
no cambias rostro ni discurso
para poder agradar.
Eres única, constante,
no se te puede dividir;
y aunque intenten disfrazarte
siempre vuelves a surgir.

VIII
Verdad, espejo sin concesiones,
reflejo claro del interior,
en ti se ve lo que somos
sin máscara ni color.
Y aunque a veces duela mirarte
y el alma quiera escapar,
es en tu fiel transparencia
donde aprendemos a estar.

IX
Eres la base de toda justicia,
la raíz de lo que es real,
sin ti no existe equilibrio
ni fundamento moral.
En tu nombre se alzan pueblos,
en tu defensa hay valor;
porque donde tú te afirmas
nace la fuerza mayor.

X
Verdad, no eres propiedad de nadie,
ni se te puede encerrar;
no perteneces a un solo juicio
ni a una forma de pensar.
Eres horizonte abierto
que el hombre busca alcanzar,
y en tu camino se revela
lo que debemos cuidar.

XI
Que nunca falte tu presencia
en el pensar y en el hablar,
que guíes siempre nuestras acciones
y nos enseñes a actuar.
Que en medio de tanta apariencia
tu voz nos haga despertar,
y nos devuelva el sentido
de lo que es justo y real.

XII
Hoy te canto, verdad eterna,
como principio esencial,
como la llama que sostiene
todo lo que es fundamental.
Porque mientras tú respires
en la conciencia del ser,
habrá esperanza en el mundo
y un motivo para creer.