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LA DAMA DEL CAFÉ

Otra vez mi pasión: tu piel

cual la de un ángel 

sin misterio. Tu vestido 

negro, irreal con mi deseo por la tarde.

Soñaba siempre esa docilidad

tus manos señalando la vorágine

te aproximaste a mi

y ante la rosa tenue de los dias en verano

con un murmullo ingenuo me besaste.

Luego el tiempo fue solo el café 

y en el exangüe 

mundo,  no te importaba el ciclo

y una palabra se rompía en todas partes.

Una dama con su contorno de afrodita

en el salón de clases.

Los demás se extinguieron y en el sitio

de tu cuerpo la fragancia exuberante 

fue el clímax de mi celo

la fusión de tus piernas con mi hambre.

 

Marcos H