LA VIDA SIGUE (DICEN)
Wcelogan
El muerto al hoyo,
dicta la boca vieja del mundo,
como si la tierra
fuera un cajón de archivos
y no un hambre abierta, dentuda.
Y el vivo al bollo.
Al pan.
Al ruido.
A desviar la mirada.
El muerto ya no discute.
No apela.
No corrige versiones.
El vivo sí:
se mastica la culpa sin tragarla,
se lava las manos con calendario,
aprende a decir
“la vida sigue”
sin quebrarse la voz.
Una astilla en la lengua,
un nombre que no termina de hundirse.
Y entonces, a solas,
el vivo
rumia despacio su bollo
como si fuera tierra.