Feliz noche allá en tu mundo, en ese mundo que a esta hora es iluminado por unas lámparas amarillas y las calles lucen vacías con algún ruido, algún ladrido de perro o un par de ebrios caminando a casa. A estas horas la noche ahí es espesa e inquebrantable. Supongo que ya estás en la cama, quizá escuches música y pienses en alguien (seguro no en mí) y yo aquí imaginándote, aplicando la ley de la atracción mientras tú te alejas más de mi mundo. Para ti ya no soy ni la memoria de nuestras canciones ni la acera de la calle 5 de marzo. Así es el olvido, todo lo sepulta sin cruz ni epitafio. Yo aquí, imagino tu rostro en la oscuridad, tus manos blancas y tu timbre de voz. Creo aún saberme de memoria la forma de tus caderas y tu frase favorita. No soy un hombre triste ahora ni mucho menos escribo estas líneas para desahogar mi melancolía de ti, es solo que por la radio sonó una canción que nos gustaba y me dio por pensarte. Ya sabes, los domingos son así, uno se estira como gato en la cama y después le llueven a uno los recuerdos de días felices, y el ánimo tira hacia allí, y pensé en ti. Feliz noche hasta aquel pueblo iluminado por lámparas amarillas y calles vacías.