Un sonido se asienta a través de las lágrimas del grifo.
Oímos el canto de los pájaros apagarse durante el velo nocturno.
Una nueva nota atraviesa las casas a medianoche.
Cuando el cielo se vislumbre cerúleo las noticias volverán a infestar la cerámica de nuestros hogares.
Es el dormitar lo que nos mantiene despiertos.
El ruido no es un orgullo, es la peste que machaca las almas. Nos hace caminar encorvados, con los labios torcidos y la piel de las manos derretida.
La resonancia son agujas que atraviesan mis dedos.
Las voces que provienen del exterior parecen ser lo único real en este espacio.
No hay nada que necesite que se pueda hallar dentro de estas paredes.
Aquí las flores marchitan y las mentes se alienan para protegerse.
Pero encuentro a través del eco una nueva circunstancia en la que enterrar las uñas.
El rostro puro de una verdad.
Las arrugas que construyen una historia.