Duartes

Mi mente andrĂ³gina

Me dices a diario lo que mi sangre ha escrito,

Prometo tallar mi médula, madera sucia he forjado,

Y con mis huesos velas formaré, en la cama donde dormí, un legado.

 

Pero libre quiero estar del olor de tus miedos,

Que me haces morir de hambre, días sin ver el sol,

Y a cambio, nada, solo tu sonrisa, un vacío que me llena de dolor.

 

Tu actitud, un veneno que no puedo tolerar,

Me drogo con alfileres, la picadura quiero olvidar,

Veo tu cara en cada rata, un reflejo de tu maldad,

Un día ese rasgo te hundirá, y yo no estaré para ayudarte.

 

Será tu talón de Aquiles, tu perdición,

No te veré caer, no es mi misión,

No es mi problema, no es mi decisión,

Nunca dije ser un salvaje, pero escribir esto me da una gran satisfacción.

 

Me alegro de que la casa de madera se pudra,

Con tu actitud podrida, que no deja de llover,

Estoy seguro de que es mi culpa, por saber rimar,

Pero no digas que no te gusta clavar una lanza, sin pudor.

 

Me encanta la idea de haberte abandonado,

De haber roto el vaso en tus manos, un acto maldito,

Me encanta verlos sangrar, me encanta verte derramar,

Mi mente andrógina, sin privilegios, a la deriva, sin rumbo fijo.

 

No pude evitarlo, la agitación burbujeaba en mi interior,

Una fuerza tan fuerte que a veces me dolía, un dolor profundo,

Esto es lo que pasa cuando dejas a un ángel encadenado,

Los poetas exaltados en la miseria, siempre mueren, un destino marcado.

 

Pero ahora voy a vivir con esa amargura,

Que esos días me inocularon, una herida que no se cura,

Una cicatriz que me recuerda el dolor,

Pero también la fuerza que encontré en el amor.