Últimamente, sos un espejo,
pero eternamente empañado;
que, por más que deseo,
no me devuelve un reflejo.
Estrujo mi alma y cae tinta
en un papel, lienzo de mi vida.
Los errores no se borran,
y el papel no los olvida.
Si aún hubiera chances
de que me ames,
como yo te amo, Nastenka mía,
se terminaría mi ironía.
Tiranía, cruel destino:
saber que sos preso
de quien no te mira
y nunca lo haría.
Y, muy a mi pesar,
aunque me debo lamentar,
me gusta, día a día,
perderme en esta agonía.