K.

Nastenka

Últimamente, sos un espejo,

pero eternamente empañado;

que, por más que deseo,

no me devuelve un reflejo.

 

Estrujo mi alma y cae tinta

en un papel, lienzo de mi vida.

Los errores no se borran,

y el papel no los olvida.

 

Si aún hubiera chances

de que me ames,

como yo te amo, Nastenka mía,

se terminaría mi ironía.

 

Tiranía, cruel destino:

saber que sos preso

de quien no te mira

y nunca lo haría.

 

Y, muy a mi pesar,

aunque me debo lamentar,

me gusta, día a día,

perderme en esta agonía.