Hay estaciones que no pasan, se quedan respirando hondo en la nuca.
El aire tiene gusto a azufre, pero nadie te dice por qué.
Unos pantalones en cuadrillé a conjunto cuelgan del respaldo de una silla, como si aún esperaran un cuerpo que ya no vuelve.
Y en esa espera muda, algo le insiste en que no puede aprender a olvidar.