DE LA CALLE DE LOS SUEÑOS: ELLA, ÉL Y DOS MIRADAS.
Sobre el fondo difuso, bajo el murmullo de \'La Calle de los Sueños\' de Esquivel, ella sabía que él la estaba mirando, mientras ella volteaba con disimulo, como si el pendiente de su oreja izquierda le molestara. Él, con agrado y decencia, levantó su mano brindando su obviedad.
Ninguno podía apartarse la mirada, parecían mirarse entre ahítas figuras. Ambos se sonreían, se sostenían las pupilas como su trago. La iluminación de sus ojos brillaba ante la oscuridad de las lámparas, apagadas de bocajarro, mientras el sonido de la trompeta ascendía cual elegante neblina. Tan solo un brillo tenue como ocaso, permitía a los ojos de cada cual volverse a encontrar en un abrazo perenne. Un abrazo de aquellos donde el mirarse persigue como la sangre que busca y se zambulle en la otra sangre.
Al final, no hacía falta decir más. No era necesario charlar. Ya todo estaba dicho. Un guiño. Una risa de asentimiento. La moneda que quedó girando sobre la mesa.