¿Que si te amé?
Esa es la pregunta que persiste,
y tu respuesta está
en cuánto toleré tus agravios,
en cuánto soporté tus caprichos.
Mas tú dijiste
que nada bueno te ofrecí;
me alejé de tantos,
y al final, fuiste tú quien me olvidó.
Aunque admito que es verdad:
jamás me pediste nada.
Fui yo quien decidió
dártelo todo, hasta el alma.
Así que, si deseas respuestas,
búscalas en cada gesto dado,
y allí las hallarás.
Hoy puedo decir con paz
que fui quien amó sin límites,
que, aunque cometí errores, sí,
nunca dejé de amarte...
hasta este día.