Hoy no quiero risas, ni saludos, ni abrazos,
Lo único que quiero es estar solo en mi cuarto,
Con una foto y mi corazón hecho pedazos.
No hay quien por mí pueda hacer algo,
El sonido fúnebre acompaña el obscuro lazo,
Él ya no está conmigo, se ha ido de mi lado.
Como nos cambia la vida, en un breve trazo,
Parece que el tiempo, lo tuviera ya planeado,
Ese reloj de arena, en mi vida, tenía un plazo.
Se elevan mil oraciones al Padre, más amado,
Que sean ellas las que iluminen este ocaso,
Y guíen mi camino en el pasar de los años.