Arde la sombra en mi pecho encendido, un fuego que grita, que muerde, que quema, mirada de muerte, pecado prohibido, perfumen de veneno, que enciende mi pena.
Dios, que miras desde lo alto, ¿por qué me condenas si sigo tu ley? Si es su hermosura quien tienta mi paso, si es su dulzura quien nubla mi fe.
Yo que en tu casa alce mi plegaria, me arrodillo temblando de horror. Si es un pecado deseo que me llama, ¡que ardan el deseo en llamas eternas!
Mas si es el diablo quien hiere mi alma, si es el deseo un conjuro infernal, que el fuego abrace en eterna llama, que mi deseo se haga quemar.
Mas si mi alma en sombras se pierde, si su belleza me arrastra al abismo, no sea su culpa la condenación que yo cargue, que se disipe el fuego y que muera con el.