El gusano se arrastra dondequiera.
Va comiendo la flor y sus capullos
y al subir, un ladrillo en cada muro,
como dueño él invade la floresta.
El gusano se arrastra por la tierra
sobre ramas, sobre hojas y bejucos
y no cambia por nada en este mundo
en razón de su vil naturaleza.
Tú los miras pintados de colores
que se arrastran en ramas florecidas.
Su apetito, no entiende de razones
y al comer, el aquenio de la ortiga,
su desdicha es lo mismo que se come
y la vida rastrera se termina.