Leoness

Paranoia del ignorante

Amaneció una luz de engañosa calma,

mientras el globo su inercia seguía,

entre fanatismos que roban el alma

y una esperanza que ya se extinguía.

 

Entonces bramó el heredero espurio,

ese bastardo de estirpe arrogante,

cuya ignorancia —sucio tugurio—

es madre del mal más asfixiante.

 

Desnudó ante el mundo su farsa bandera:

ni hay democracia ni mente brillante,

solo una IA que copia y altera

lo que otros crearon en lid constante.

 

En su mercado de carne y de olvido,

hasta la dignidad se pone en subasta;

él es el precio, un ser carcomido,

un fetiche vil que de todo se jacta.

 

No mide el abismo, no sabe su talla,

se hunde en el barro de su propia venta;

mientras más grita, más pronto se halla

en la vileza que él mismo alimenta.