Patricia Aznar Laffont

A las tres de la tarde

Silencio,

En el trágico viento de la memoria

Vida,

Indiscretos días que de dolor sabe.

Mis ojos oxidados como un cerrojo de otros tiempos

Vislumbran aún tu silueta y ese tu solo beso, tan amado,

 que aún lloro y que cada día olvido.

Silencio.

No rompas  el hechizo de

este sueño de mi yo peregrino.

Que rueda en arpegios.

Que muta la soledad que asesina,

Que llora ese viejo rincón del pasado.

Que vuelve el alma tan rígida y seca

entre silentes terrones de hielos.

Que cobija los tiempos cansados

en que los murmullos hablaban de rosas,

Y  en que reclinada entre sus pétalos rancios

muero cada día, a las tres de la tarde.

 

(Patricia)