He caminado tantas vidas.
Pero él siempre está cerca.
En medio de tormentas y soles,
siempre conmigo.
Mi amado guardián.
Mi justiciero implacable.
Luz elevada a la esencia ,
del Divino Amor.
Constante flujo
de música primordial.
Arrebato certero
de pasiones y olvidos.
Ya al ocaso nuevamente
me despiertas temprano,
para oír el canto de los pájaros
disputando amaneceres.
Arrancada sin más del
Jolgorio simulado de la nada
asciendo en un todo
lleno de fragancias.
El otoño, cultiva la semilla
en lo profundo.
En sagrado rito,
casi en magia pura
Lloverá y el invierno
lamerá sediento nuestras heridas
Al calor revelador
de la fogata promisoria.
Al llegar la primavera,
el explotar de capullos
será el arpegio armonioso
de una canción antigua llamada vida.
Marìa Graciela Muñoz