La casa es una selva
de gentes que se fueron.
Envejecieron las sábanas
y perdura el olor a naftalina
en los cuartos vacíos
y en los largos pasillos.
Las hojas de salvia, se apilan
en la alberca y llueve afuera.
La vida antigua en pausa
y un poema sin tiempo
que describe los gestos
y los aconteceres
de gentes
que se
fueron.
L.G.