I
Hoy alzamos la vista hacia los cielos
con ojos que han aprendido a observar,
no solo el azul limpio del día
sino el lenguaje oculto del pasar.
Porque hay quienes leen en las nubes
lo que el viento intenta pronunciar,
y entienden en la danza del clima
los signos del tiempo al cambiar.
II
El meteorólogo descifra el aire,
interpreta el pulso del viento,
mide la presión de lo invisible
y escucha la voz del firmamento.
Donde otros ven solo el paisaje,
él encuentra un mapa en expansión,
un código escrito en corrientes
que hablan de cambio y transformación.
III
Las nubes no son solo formas,
son mensajes en tránsito fugaz;
cada una guarda una historia
que el cielo decide revelar.
Y en su estudio minucioso y paciente
se convierte el misterio en verdad,
porque el tiempo no es solo un instante
sino una constante realidad.
IV
Entre satélites y estaciones
se construye una red sin final,
que observa la tierra en silencio
y traduce su ritmo vital.
Cada dato es una señal
de lo que el clima quiere decir,
una advertencia, una esperanza
que el hombre debe oír.
V
El viento sopla con múltiples voces,
desde la calma hasta la tempestad,
y el meteorólogo en su estudio
intenta comprender su voluntad.
No es tarea simple ni ligera,
pues el cielo no se deja domar;
es un arte hecho de ciencia
que aprende del tiempo a interpretar.
VI
La lluvia cae como un susurro
o como un grito sobre la ciudad,
y en cada gota se esconde
una historia por descifrar.
El pronóstico no es solo un número,
ni una cifra por anunciar,
es la lectura profunda del mundo
que el cielo nos quiere mostrar.
VII
En la tormenta nace el desafío,
en el huracán, la necesidad,
de comprender lo impredecible
y proteger a la humanidad.
Porque su labor no es solo estudio,
es también prevenir y cuidar,
ser puente entre la naturaleza
y quien la debe respetar.
VIII
El clima cambia, respira, se mueve,
como un organismo sin final,
y el meteorólogo observa atento
cada signo de su señal.
Desde el frío de cumbres heladas
hasta el calor tropical,
todo responde a un equilibrio
tan delicado como vital.
IX
Hoy su trabajo es más urgente,
pues la tierra comienza a hablar
de cambios que alteran su ritmo
y que no podemos ignorar.
El clima refleja nuestras acciones,
como un espejo sin disfraz,
y en su estudio encontramos respuestas
para poder rectificar.
X
El cielo ya no es solo un misterio,
ni un fondo azul para mirar;
es un sistema vivo y complejo
que debemos aprender a cuidar.
Y en cada informe, en cada aviso,
hay un esfuerzo por anticipar
lo que el tiempo puede traer consigo
y lo que debemos enfrentar.
XI
Hoy celebramos esa mirada
que se eleva más allá del ver,
que encuentra en lo invisible
una forma de comprender.
Porque en cada nube, en cada viento,
hay un mensaje que interpretar,
y el meteorólogo es quien traduce
lo que el cielo quiere hablar.
XII
Así en el día del meteorólogo
honramos su dedicación,
su ciencia, su paciencia constante
y su noble vocación.
Porque gracias a su conocimiento
el mundo puede prepararse mejor,
y en el lenguaje del clima encontramos
una guía para vivir con honor.