ÉL
Wcelogan
Te miré.
Te reclamé.
“El etílico no reclama”,
pensé.
Estoy sobrio…
pero él no.
Me sostiene la mirada,
desafiante.
Voy hacia él.
Me detengo.
—¿Cuál es tu problema?
Y entonces, sin voz,
me responde:
—Señor, apúrese…
que es un espejo.