DESEO EN TREGUA
Dormíamos en la misma cama,
pero en mundos distintos,
dos cuerpos en guerra fría,
dos silencios infinitos.
La noche caía despacio,
pesada, casi sin voz,
y entre sábanas tensas
no cabía el “nosotros dos”.
Tu espalda era frontera,
la mía, un muro sin paz,
y aunque el orgullo gritaba,
la piel susurraba más.
No hablábamos… pero el aire
ardía en cada rincón,
porque el enojo se mezcla
con fuego en el corazón.
Yo fingía estar dormido,
tú respirabas igual,
pero el pulso nos delataba
con un ritmo desigual.
Y en esa guerra callada,
sin tregua, sin condición,
el deseo —terco y vivo—
rompía toda razón.
Tu mano rozó la mía
“sin querer”… o queriendo,
y en ese leve contacto
todo empezó ardiendo.
Ya no importaban las culpas,
ni quién tenía la verdad,
cuando el cuerpo reclama
no existe autoridad.
Giraste… rompí la distancia,
y el frío se hizo calor,
porque hasta en medio del enojo
también respira el amor.
Nos encontramos sin hablar,
como quien vuelve a empezar,
porque hay lenguajes del alma
que no saben pelear.
Y así, entre orgullo y deseo,
la noche nos dio una lección:
que a veces el amor discute…
pero el cuerpo pide unión.
© Corazón Bardo