Señorita, la vi, me enamoré
la verdad de mis citas es volver
a mirar su belleza forastera.
regresar y volver y temeré
el momento en que no la tocaré
Su cariño… dirige a otra persona,
lo comprendo, mi chance es diminuta
es la apuesta que arriesgo en estos versos
de parar en rechazo y en su amargura
Me entristece que el tiempo se apresura
dificulta escucharla eternamente
el deleite de ver su esencia tierna
es tesoro que no canjeo y reste
Señorita, su espíritu es amable
es virtud en un mundo perturbado
evitar desprenderse de ello hará
su belleza de laya regia y franca
En mis ojos la veo de manera
magistral, mis pupilas, ven pudor
le tendré que confiar a mis sentidos
la verdad: la pureza es su blasón
De las pláticas, breves pero dulces,
mis oídos tiritan al compás
del solfeo construido de su timbre
por lo menos disfruto su bondad
al dejarme posar y percibirla
Me suscita emociones olvidadas
desear el cortejo, su energía
lo olvidé, por la culpa del descuido
agradezco su voz arrimadiza
Señorita… prefiero su rechazo,
me inclino a confesar que asegurar
mi silencio al respecto de mi afecto
por usted, que cautiva mi cariño
Señorita, le pido que atesore
mis palabras que fueron inocentes
lo escribí con espanto del rechazo
me estremece y me gusta respirarlo
El agrado que lea mi poema
me será suficiente simpatía
de su parte, le quiero mencionar
un secreto: me gusta; me ha flechado